La novela está dividida en dos partes:
Agosto de 1949: Un grupo de soldados israelíes acampa en el desierto de Néguev. La narración es fría, casi clínica. Se enfoca en la rutina del comandante: su obsesión por la higiene, el mapa y el silencio. En medio de esta aridez, capturan a una joven beduina, la violan y la asesinan.
El presente (décadas después): Una mujer de Ramala lee sobre este incidente en un artículo. Se obsesiona con un "detalle menor": el crimen ocurrió exactamente 25 años antes del día de su propio nacimiento. Esta coincidencia la impulsa a viajar al Néguev para investigar qué pasó, cruzando puestos de control y fronteras invisibles con un miedo paralizante.
Este estilo de Shibli, despojado de todo y obsesivo con los detalles, esta maestría en lo que no se dice, esta falta de juicio moral por parte del narrador, hace que el lector tenga que procesar solo el horror de la violación y el asesinato.
Es algo así como que ante una violencia tan absoluta, el lenguaje convencional se queda corto o se rompe. Es un gran acierto en la novela, aunque ya digo que cuesta entrar en el juego.
Atención a la maestría del final.
Gracias a @mariajoseolivares por la recomendación.
¿La conocen? ¿La leerían? Les leo en comentarios.
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