Publicada originalmente en 2007, cuando Aurora Venturini tenía 85 años, se dice de ella que es una de las obras más disruptivas, incómodas y fascinantes de la literatura argentina contemporánea.
A mí en concreto me ha fascinado hasta el punto de ser mi primer 5 estrellas del año.
En la trama nos encontramos a una mujer con algún tipo de retraso madurativo que nunca queda del todo explicado y una, aparentemente, notable capacidad para pintar. Solo a través de su arte consigue expresarse completamente, y aquí reside lo mejor de la novela: su construcción gramatical.
Ella nos explica que el universo de sus emociones es más complejo que el universo de palabras que posee, así que se forma y se aleja cada vez más del universo de “lo enfermo” para acercarse al mundo de “lo sano”.
Al comienzo, la sintaxis es de oraciones largas, sin puntuación, y de párrafos extensos, pero a medida que la narradora se ilustra, los párrafos se vuelven más cortos y la puntuación comienza a llevar un ritmo con más pausas. La forma se vuelve parte del fondo.
Este riquísimo metalenguaje de Venturini me ha conquistado totalmente.
En cuanto al fondo, Las primas es una historia de sororidad, de mujeres que tienen que salir adelante solas porque han sido abandonadas o violentadas por hombres. Los hombres aparecen como la otredad, como seres en los que es mejor no confiar porque en su esencia nos van a dañar.
Es ante todo una novela de iniciación donde Yuna va narrando los hechos desde su infancia, pequeños momentos familiares, grandes tragedias domésticas. Nos hace ver que su familia no es una familia normal porque la componen su hermana Betina, deficiente, un padre ausente, unas tías peculiares y una madre que vive en su mundo, además tiene unas primas, también con sus deficiencias, con lo que nos crea un microcosmos familiar que forma una novela sorprendente.
De lo mejor que he leído últimamente.
¿La conocen? Les leo en comentarios.
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