He aquí un libro agradable de leer sin más.
Quizá no sea yo, chica de letras puras y muy alejada de cualquier coqueteo con la ciencia, la más indicada para hablaros de este libro. Pero si como me ha pasado a mí, os lo encontráis hasta en la sopa, quiero daros mi opinión por si os sirve de algo.
Se os va a sumergir en una nave espacial con un único superviviente que despierta de un coma y va recordando poco a poco.
Cuando recuerda que tiene una misión crucial para salvar a la Tierra y se pone a ello con, digamos, ayuda, se va animando la cosa. Y esto último no es algo baladí, porque primero tendremos que tragarnos largas y sesudas explicaciones científicas nada fáciles de entender.
Menos mal que el protagonista es un chico más bien positivo que sazona semejantes teorías con un humor sencillo y muy efectivo. Menos mal que pronto se sentirá acompañado (¿?) y que, así como la B sigue a la A, a un problema seguirá una solución, sí o sí.
Como se ve, estructura sencilla, lenguaje sencillo (el científico aparte) y mensaje más sencillo aún,
¿Por qué no lo abandoné, vista tanta sencillez? Porque es entretenido, pasapáginas veraniego, porque hay película (era inevitable, era carne de Hollywood), porque tiene un humor que llega a todo el mundo, y ¡ah! porque el protagonista no es el mejor científico del mundo, ni mucho menos, pero... es profe de ciencias en un instituto, y ante eso...
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