"¿Conoce un campo que se llama Las Zanjas?
- ¿Las Zanjas? repite con voz estentórea, y por un momento creo haberme equivocado de estación, de país, de continente.[...] -¿Será -supone un gigante parado en un rincón, y con presunto esfuerzo larga su hipótesis- el campo que era del finado X?
Finado y X es mi padre.
-Sí.
Durante un momento la concurrencia saborea el valor del monosílabo. Después el gigante señala hacia el fondo del boliche y arbitrariamente se tapa con la otra mano la axila del lado que señala.
- Queda a unas dos leguas para allá.
El bolichero ratifica e inicia una espantosa explicación sobre rumbos, itinerarios y vecindades desconocidas mientras intenta, sin atreverse a preguntar lo único que le interesa: quiénes son, qué pretenden, a qué aspiran. Por fin:
-¿Será hijo del finado?"
Necesitaba transcribir un trozo del libro para que se hagan una idea de a lo que me enfrenté con esta lectura. Pensé literalmente que ese nivel era difícil de mantener en toda la novela, ¡cómo me equivoqué!
Ese artificio, que no artificiosidad, en el lenguaje se extiende por todas las páginas para explicarnos la historia del dueño de Las Zanjas y sus perros, galgos cuya imagen en hierro se identificará para siempre con la finca.
¡Extraordinaria Sara Gallardo, uno de los más hermosos estandartes de la literatura argentina y con mucha razón! Es una obra sorprendente y con una muy alta calidad literaria, una sorpresa y un gozo para los que amamos las palabras, no solo las historias, porque si algo se le puede achacar a esta novela es que la forma es demasiado perfecta para la leve trama que se nos narra, pero no me voy yo a quejar de ello, un pequeño handicap que no empaña la hermosura de semejante novelón.
La recomiendo muchísimo.
¿La conocen? ¿La leerían? Les sigo en comentarios.
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