domingo, 24 de enero de 2016

"Cosas que hacen que la vida merezca la pena vivirse"

Hace un tiempo que comparto con una amiga un doc en Drive con nuestros "Mil libros que hay que leer antes de morir". Los tenemos clasificados por "leídos", "pendientes", "imprescindibles",... Lo llamamos "leer a cuatro manos/ojos" y es como un club de lectura sin obligaciones,... es... ¡ perfecto!
Ya les dije en la entrada anterior que lo mío por las historias, además de vicio, es diversificado: me gusta leerlas y verlas.

Mi afición al cine también se la debo a mi padre, con el que vi todas las películas de romanos y del oeste de la época. No puedo compartir con él, desgraciadamente, un doc en Drive, pero quizá haga uno individual con lo que tengo que ver antes de morir.
De momento he empezado rigurosamente a la hora de "hacerme un cine". Por los clásicos, como haría con la literatura. Así que he visto ya algunas películas que consideraba imprescindibles. Es lo que les voy a contar en sucesivos posts.

La primera ha sido Annie Hall. Quiero entrar en el mundo de Woody Allen para comprender qué me he perdido. Para ver en su contexto la famosa respuesta ante la pregunta del psiquiatra:
PSIQUIATRA- ¿Cuántas veces tienen relaciones sexuales? ANNIE: - Demasiadas, tres veces a la semana. WOODY/LEVI: -Muy pocas, tres veces a la semana. 

Archiconocida escena de Annie Hall
Me acabo de enterar de que Rob Reiner la homenajeó abiertamente en Cuando Harry encontró a Sally, y parece que marcó tendencia en muchos más aspectos que ustedes pueden consultar por internet.
A mí me gustó en general, pero me cansó en particular. Es decir, hay escenas y conversaciones tan repetitivas que estaba deseando que se acabara el metraje. Además, no llevo bien la superposición de diálogos (resultado de las tertulias televisivas, supongo), quizás aporten naturalidad, pero marean y dispersan al auditorio. Espero que estas sensaciones sean debidas a que es una primera aproximación. Seguiré insistiendo y contándoles, incluso pidiéndoles opinión, si tienen a bien dármela.
Eso sí, con lo poco que se habla hoy en pareja, deberíamos aprender de Allen, ¡Dios mío, lo diseccionan todo sin pararrrr!!!

Después he visto Manhattan, dicen que la mejor obra del director.  Los guiones originales de ambas películas están publicados por Tusquets, valdría la pena echarles un vistazo...

Fotograma mítico de Manhattan
Frases que me han llamado la atención:
ISAAC DAVIS (ALLEN): "Nada que valga la pena puede ser asimilado por la mente. Tiene que entrar por una abertura diferente, y disculpa lo vulgar de la imagen. Siempre he pensado que el cerebro es el más sobrevalorado de todos los órganos."

ISAAC DAVIS (Minuto 120):  ¿Por qué la vida merece ser vivida? Bueno, supongo que hay cosas que hacen que la vida merezca la pena vivirse. Por ejemplo, Groucho Marx, por nombrar a alguien; y el segundo movimiento de la Sinfonía Júpiter; y la grabación de Potatohead blues por Louis Armstrong; y las películas suecas; y La educación sentimental de Flaubert; y Marlon Brando, Frank Sinatra, las increíbles manzanas y peras de Cézanne, los cangrejos de Sam Wo, y el rostro de Tracy…”

¿Qué les parece si parafraseando el minuto 120, así de manera intrascendente y casual, escribimos nuestras 5 cosas (sólo 5 por acotar, por no divagar demasiado, ya divaga Allen por nosotros/as) por las que la vida merece ser vivida?
¡Va,... sin profundidades!

Empiezo yo...

Mis 5 cosas:
Quino, por nombrar a alguien...
La canción Believe de Savatage... o Ne me quitte pas de Jacques Brel...
La increíble sensación de meter la cabeza bajo el agua del mar...
Si esto es un hombre de Primo Levi, o los libros de Austen y Saramago...
La calidez del núcleo familiar... cuando se produce...

Quedo a la espera de sus amables contestaciones... si se producen...

Es Quino, no Woody Allen. Curioso, ¿verdad?

 

viernes, 22 de enero de 2016

Tebeos,... ¿armas de destrucción masiva?

Tebeos de hadas, eso es lo que leí en el intermedio entre la cartilla de párvulos y los libros. Me lo recordó casualmente mi amigo Joselu, porque yo, parece que sin querer, lo había olvidado. 
Como la magdalena de Proust, este comentario de Joselu me llevó a un baúl de mi infancia que tenía lleno de estos tebeos. Los había de hadas, preferentemente, pero también de El guerrero del antifaz, El capitán Trueno (entonces se intercambiaban, no estaba la cosa para comprar, y tenía amigos varones). Después llegaron Pulgarcito y sobre todo Mortadelo y Filemón.


Pero a mí los que me perjudicaron fueron los de hadas. Hasta el punto de que aún hoy busco su esencia en productos como Pretty Woman o 50 Sombras de Grey.
Inconscientemente (porque si lo analizo, me hago el harakiri), busco ese concepto de media naranja, de protección de la mujer desvalida, de la justicia universal que premia a los buenos y castiga a los malos (¿esto es de la Biblia?)...
¡La de trabajo que hemos debido hacer las mujeres de nuestra generación...! Luchar contra toda esa corriente de postguerra solo se podía conseguir si leías (otras cosas, claro), si estudiabas, si acudías a otras fuentes e ideas.
Yo soy hija única y tenía unos padres entregados, como explico aquí. Leí, fui a la universidad, coqueteé con el feminismo a través de una amiga que me prestaba publicaciones al respecto. También tuve que hacer el Servicio Social de la Sección Femenina al terminar la carrera. Por aquel entonces no te daban el título si no lo hacías. Y tampoco si no padecías un campamento de un mes en la cárcel de Alicante, reconvertida en residencia de señoritas o algo así, donde murió José Antonio Primo de Rivera, fundador de La Falange. El primer día nos enseñaron los agujeros de las balas en la pared, como quien hace una visita cultural.
Cómo he sobrevivido a eso con mediana cordura es algo que me pregunto a menudo. ¡Pero bueno, en este choque de culturas, de intereses, de ideas contrapuestas, formé mi ideología actual! ¡Todo sirve, todo suma...!

... todo lo que nos lleve a no convertirnos en esta Autómata_1927. Edward Hopper

Que en ello tuvieron que ver los tebeos, parece incontestable. Así que esto podría darles la razón a quienes dicen que no importa lo que los niños/jóvenes lean, que lo importante es que lo hagan. 
No estoy de acuerdo, no se puede dejar en sus manos cualquier cosa. La mayoría no irá a la universidad para contrastar. La mayoría no tendrá un mediador que les abra los ojos. 
Tomemos como ejemplo: El niño con el pijama de rayas. No hay literatura ahí, supongo que no me discutirán eso, pero se pueden usar algunos extractos del libro para introducirlos en el tema del Holocausto de manera suave, antes de llegar, por ejemplo, a El diario de Anna Frank. Pónganles la película (la del pijama), es algo mejor que el libro. Actúen de intermediadores para conseguir un bien mayor.
Eso fueron los tebeos para mí, intermediadores, aunque ahora desprecie a Sissi emperatriz, personaje al que adoraba y que me hizo creer en la existencia de los príncipes azules, siendo para mí la precursora de la vil frase: "Detrás de un gran hombre siempre hay una gran mujer", lo que reduce a la mujer, como dice Galeano, a la triste condición de respaldo de silla.

Otra cosa es, por supuesto, el mundo actual del cómic, donde podemos encontrar verdaderas obras de arte. Valgan como ejemplo estos dos: Arrugas y Maus
O las intemporales tiras de Mafalda y las actuales de Liniers

Pero lo que hicieron con nosotras en los años 50 y 60 es de juzgado de guardia, y debería ser recompensado, cuando menos, con terapia de la buena: urgente, intensiva, sanadora, cicatrizante...

miércoles, 20 de enero de 2016

Mi padre me paseaba en una caja de cartón...

Hoy me he levantado pensando que tendría que explicarles en detalle mi pasión por la lectura. Al igual que me gustaría que ustedes me explicaran a mí la suya; si les place, claro, que las cosas no deben hacerse por obligación, y la lectura menos que ninguna (sí, ya lo dijo Pennac, pero cualquier docente lo sabía antes). 

Yo "rompí" a leer delante de una chimenea, como expliqué más o menos aquí, y desde entonces se ha convertido en la actividad fundamental y más constante de mi vida.
Cuando yo era pequeña sólo había una cadena de televisión, y en mi calle únicamente un vecino la tenía. Su patio, como el Corral de Comedias de Almagro, se llenaba de la chiquillería del barrio absorta ante semejante maravilla. Luego, yo me iba a mi chimenea y allí...¡tenía libros! No eran como los de ahora, llenos de imágenes, colores, ventanitas o arquitecturas de papel. No existía el concepto de álbum ilustrado, así que ¡díganme cómo una niña con la irrupción del milagro televisivo en su vida y cuyos padres no habían leído un libro jamás, se sintió tan atraída por ese mundo! 
Creo que tengo la respuesta después de darle vueltas al tema durante años.
La "culpa", como digo en mi Autorretrato lector, la tuvo mi padre, que era un contador de cuentos excepcional. Cada noche contaba/escenificaba historias inventadas para mí. Lo detallo con más extensión en ese Autorretrato.
Incluso en este mi Autorretrato lingüístico, que tiene tanto que ver...! 
El que, de paso, me paseara por toda la casa dentro de una caja de cartón (recuerdo guardado en el Banco de Recuerdos), construyera una cabaña en el salón con sillas y sábanas, haciendo así realidad algunas de las aventuras fantásticas que me contaba, me llevara frecuentemente al cine, y ME DEDICARA TIEMPO, parece que dio como resultado que me convirtiera en una devoradora de historias, escritas o filmadas (otro día les hablo de mi afición al cine).
Mi "ficha" en el Banco de Recuerdos

En febrero de 2008, en mi primer blog que se llamaba Literatúrame, (¡por supuesto!) yo escribía esto, que luego traspasé a Blogmaníacos, sobre el acto de leer:
ACTO DELICTIVO
"Leer es un acto delictivo; es un hecho. Lo hacemos generalmente en solitario, en silencio, sin avisar, sin pensar en las consecuencias, sin pensar en los demás, pese a quien pese, caiga quien caiga, ante Dios y ante los hombres, sin arrepentimiento, sin acto de contricción, aconfesos, acontritos, con premeditación y seguramente con alevosía, ... pero casi siempre, y éste es el agravante definitivo, con ... NOCTURNIDAD." 

Publicidad de Gandhi, crédito de la imagen


 Siempre me han dicho que tengo una visión demasiado "romántica" de la lectura... ¿Cuál es la de ustedes? ¿Algún detonante especial? ¿Alguna persona?
Ya saben,... sin obligaciones...