Hay dos líneas claras de las que me voy a ocupar en esta reseña, y las dos están un tanto alejadas: el fondo y la forma.
Es indiscutible que libros como este son necesarios, desgraciadamente. Hay que poner en palabras temas como el feminicidio y el dolor de perder a un ser querido, en este caso la hermana de la autora. Nunca se hará lo suficiente para concienciar a la sociedad de un tema de tal magnitud, y hay que ser valiente para sacar el dolor familiar a la palestra en pos de este objetivo.
Mi desacuerdo, o más bien el alejamiento que yo veo entre fondo y forma, es que esta última no está a la altura del mensaje emitido.
Me ha dejado más bien fría la forma de contarlo, a medias entre el reportaje periodístico, la crónica de sucesos, la entrevista y el documental, sin las virtudes de cada uno de ellos y con los defectos que se acumulan al solaparse unos y otros.
El principio es lo que más me ha despistado; esa búsqueda del expediente 30 años después es un inicio potente que me enganchó y sobre el que podía haber pivotado toda la historia, pero que se desinfló luego en la nada.
Como eso, muchas direcciones de la novela quedaron en vía muerta, perdiendo fuerza por el camino y dejando al lector con la sensación de lo que podía haber sido y no fue. Una lectura que se va haciendo repetitiva, como si no encontrara su ruta, y con la que no he logrado conectar aunque el mensaje sea el que es.
Aconsejable por el tema. Dudosa por la forma.
¿La han leído? ¿Algún libro imprescindible sobre el tema?
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