Tebeos de hadas, eso es lo que leí en el intermedio entre la cartilla de párvulos y los libros. Me lo recordó casualmente mi amigo Joselu, porque yo, parece que sin querer, lo había olvidado.
Como la magdalena de Proust, este comentario de Joselu me llevó a un baúl de mi infancia que tenía lleno de estos tebeos. Los había de hadas, preferentemente, pero también de El guerrero del antifaz, El capitán Trueno (entonces se intercambiaban, no estaba la cosa para comprar, y tenía amigos varones). Después llegaron Pulgarcito y sobre todo Mortadelo y Filemón.
Pero a mí los que me perjudicaron fueron los de hadas. Hasta el punto de que aún hoy busco su esencia en productos como Pretty Woman o 50 Sombras de Grey.
Inconscientemente (porque si lo analizo, me hago el harakiri), busco ese concepto de media naranja, de protección de la mujer desvalida, de la justicia universal que premia a los buenos y castiga a los malos (¿esto es de la Biblia?)...
¡La de trabajo que hemos debido hacer las mujeres de nuestra generación...! Luchar contra toda esa corriente de postguerra solo se podía conseguir si leías (otras cosas, claro), si estudiabas, si acudías a otras fuentes e ideas.
Yo soy hija única y tenía unos padres entregados, como explico aquí. Leí, fui a la universidad, coqueteé con el feminismo a través de una amiga que me prestaba publicaciones al respecto. También tuve que hacer el Servicio Social de la Sección Femenina al terminar la carrera. Por aquel entonces no te daban el título si no lo hacías. Y tampoco si no padecías un campamento de un mes en la cárcel de Alicante, reconvertida en residencia de señoritas o algo así, donde murió José Antonio Primo de Rivera, fundador de La Falange. El primer día nos enseñaron los agujeros de las balas en la pared, como quien hace una visita cultural.
Cómo he sobrevivido a eso con mediana cordura es algo que me pregunto a menudo. ¡Pero bueno, en este choque de culturas, de intereses, de ideas contrapuestas, formé mi ideología actual! ¡Todo sirve, todo suma...!
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| ... todo lo que nos lleve a no convertirnos en esta Autómata_1927. Edward Hopper |
Que en ello tuvieron que ver los tebeos, parece incontestable. Así que esto podría darles la razón a quienes dicen que no importa lo que los niños/jóvenes lean, que lo importante es que lo hagan.
No estoy de acuerdo, no se puede dejar en sus manos cualquier cosa. La mayoría no irá a la universidad para contrastar. La mayoría no tendrá un mediador que les abra los ojos.
Tomemos como ejemplo: El niño con el pijama de rayas. No hay literatura ahí, supongo que no me discutirán eso, pero se pueden usar algunos extractos del libro para introducirlos en el tema del Holocausto de manera suave, antes de llegar, por ejemplo, a El diario de Anna Frank. Pónganles la película (la del pijama), es algo mejor que el libro. Actúen de intermediadores para conseguir un bien mayor.
Eso fueron los tebeos para mí, intermediadores, aunque ahora desprecie a Sissi emperatriz, personaje al que adoraba y que me hizo creer en la existencia de los príncipes azules, siendo para mí la precursora de la vil frase: "Detrás de un gran hombre siempre hay una gran mujer", lo que reduce a la mujer, como dice Galeano, a la triste condición de respaldo de silla.
Otra cosa es, por supuesto, el mundo actual del cómic, donde podemos encontrar verdaderas obras de arte. Valgan como ejemplo estos dos: Arrugas y Maus.
Pero lo que hicieron con nosotras en los años 50 y 60 es de juzgado de guardia, y debería ser recompensado, cuando menos, con terapia de la buena: urgente, intensiva, sanadora, cicatrizante...







