Es un relato a caballo entre el ensayo libre y la autobiografía ficcionada.
La protagonista es la propia Amélie. Es de género epistolar y trata de las cartas entre la autora y un fan llamado Melvin, un soldado estadounidense que servía en Irak cerca del final de la guerra. Este desarrolla un trauma como respuesta a la contienda y a partir de ahí la historia evoluciona.
Se tratan diversos temas como la apariencia física, la soledad, la fama, los trastornos alimentarios y -lo más interesante para mí-, el trabajo del escritor. Nothomb nos desvela algunas peculiaridades del suyo, como la obsesión por contestar todas las cartas que recibe o su proceso creador, la válvula de escape que supone para muchos escribir: “Ya lo dijo Madame de Sévigné: Perdonadme, no tengo tiempo para ser breve”. “Con las cartas ocurre lo mismo que con todo: el exceso resulta tan insoportable como la carencia”. "Escribir sigue siendo primero un placer. Lo que hace sufrir es la angustia que lo acompaña".
Lo interesante del libro no es tanto la trama como el juego literario que propone. Nothomb mezcla realidad y ficción de manera deliberadamente ambigua: ella misma aparece como personaje, lo que hace que el lector dude constantemente de qué es verdadero y qué es inventado. Este recurso crea una sensación de incomodidad y curiosidad a la vez.
En resumen, Una forma de vida es una obra corta pero intensa, que cuestiona la verdad en la literatura y explora los límites entre autor, personaje y lector. Una novela breve y muy peculiar, incluso dentro del estilo ya excéntrico de Nothomb.
Una novela bastante sólida en el proyecto profesional de la autora.
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