Este es un libro que he terminado, más por la importancia y el respeto sobre el tema que trata, que por lo que me ha aportado el libro en sí.
La historia sigue a Marina, una periodista joven que atraviesa un mal momento tras la muerte de su padre. En ese estado de duelo, conoce a Jaime, un hombre veinte años mayor, culto, refinado y aparentemente perfecto.
Lo que comienza como un romance idílico se transforma sutilmente en una relación de control y anulación. La novela no explora la violencia física, sino algo mucho más insidioso: el maltrato psicológico de baja intensidad.
Es un libro que no está mal, de lectura amena, tanto que me ha parecido para adolescentes. Digo esto último en el sentido de que según los cánones, la literatura debería mostrar más que decir. En este caso, las cosas son demasiado evidentes, no hay sutileza, es demasiado explícita, demasiado obvia.
No hay profundidad, sí muchos clichés, personajes planos y sin evolución, una escritura a ratos cursi en su intento de lirismo.
Es un cóctel de temas de moda perfecto para hacerse viral, pero a mí me ha dado la impresión de estar leyendo siempre lo mismo en todas sus páginas: una serie de momentos delirantes de Jaime contra Marina sin mucho fundamento, y otras de lovebombing (la novela sí tiene el mérito de haberme hecho descubrir este término) poco creíble. Resumiendo, la he vivido como una peli de sobremesa sobre tema controvertido pero que no quiere agitar demasiado las aguas. Una novela difusa en su planteamiento y personajes, desdibujada, predecible.
En fin, me alegra que haya sido un éxito porque nunca son demasiados libros para relatar la violencia contra las mujeres, pero sinceramente podría haber sido mucho más de lo que es.
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