domingo, 5 de septiembre de 2010

Mi autorretrato lingüístico

AUTORRETRATO LINGÜÍSTICO

Actividad primera para el Día Europeo de las Lenguas.

Mis padres no habían leído nunca a León Felipe, y no sabían que "la cuna del hombre la mecen los cuentos", pero aún así, supieron mecerme generosamente con palabras. No eran palabras cultas; mi familia no era de la élite intelectual precisamente, pero estaban dichas con amor. Y yo consideré que debían de ser algo muy importante, ya que me transmitían tanta paz y una especie de ansia por encontrar más.

Así que las buscaba en todas partes..., y las encontré: ...En los cuentos que me contaba mi padre, ...en las historias de familia de mi madre, ...en la cartilla de párvulos que pude descifrar un día...

A partir de ahí, se puede decir que comprendí que "yo era de letras", "de palabras"... ¡como si se pudiera ser de otra cosa!



Mi lengua madre fue el castellano, aunque pasado por el tamiz de la zona en que nací. En ella tenemos un poso importante de palabras procedentes de la lengua valenciana, que se habló aquí antiguamente, mezclado con expresiones de la región de Murcia, de la que somos vecinos. En eso anduve los primeros años, puliendo lo mejor que supe esa herramienta tan potente que pusieron en mis manos.

Pronto entré en contacto con la lengua francesa, ya que tenía familia en París que venía a pasar aquí los veranos. El aprendizaje se hizo formal cuando tuve que estudiarlo en la escuela. Me gustó mucho ese idioma, parecía que cantabas todo el tiempo.
Era un placer conocer otras formas de decir las cosas...


Precioso cartel de Rayuela, obra maestra de Cortázar, el escritor.

Conozco también el valenciano porque me fue necesario cursarlo para trabajar en mi comunidad. Después de una relación tensa con esta lengua que consideré que se me imponía, he aprendido a apreciar su belleza y me atrae su singularidad para expresar con otros matices lo que quiero decir.

Cuando estudiaba Magisterio, elegí como optativa la asignatura de inglés. Durante dos años, pasé por ella sin pena ni gloria. Sé decir what time is it? con un acento aceptable y poco más. ¡Lástima...!, ¿por qué no me dijeron que iba a ser el lenguaje de internet?

Esto me lleva a pensar que aprendemos algo cuando verdaderamente lo necesitamos. Recuerdo que un tío mío, con muy poca escuela a sus espaldas y prisionero republicano español en el campo de concentración de Mauthausen, decía que aprendió alemán rápidamente porque le iba la vida en ello.

Espero que no necesitéis llegar a esos extremos y comprendáis que tener el don de las lenguas es un tesoro de incalculable valor, aunque puede que lo sea más el respetar a todas por igual, valorando lo que nos pueden aportar.
Esto es lo que pretendemos con este proyecto colaborativo ideado por doña Díriga. En él ponemos todo nuestro empeño, como siempre que creemos firmemente en lo que hacemos.

No puedo terminar sin hablar de la razón fundamental por la que intento enseñar Lengua y Amor a la Lectura; digamos que es mi vertiente reivindicativa...
En mi opinión nadie lo ha sabido expresar mejor que Gianni Rodari; juzgad vosotros...
"El uso total de la palabra para todos" me parece un buen lema, de bello sonido democrático. No para que todos sean artistas, sino para que nadie sea esclavo (Gianni Rodari)

2 comentarios:

mic dijo...

¡Qué hermosa entrada! El mundo de las narraciones...de las lenguas...Me he sentido identificada. Cada familia tiene su universo construido de palabras propias. Mi hija decía: "¿Vamos a pasear a la costanera azul?" que ¿en realidad? se llama "costanera sur".Y todos,ahora,hablamos de la costanera azul porque es más bonito y nos hace soñar.
Conchita, hacía mucho que no te dejaba un mensaje y fuiste una de mis primeras visitantes.
Un abrazo, aquí primaveral.

Conchita dijo...

Julia, ¡qué bonito comentario!

"Costanera" es una palabra que aquí no usamos y que me parece preciosa.

Espero que estés tejiendo con tu hija una red tan fuerte de palabras como la que me unió a mí con mi padre... Hay cosas que nunca se olvidan...

Un abrazo, primaveral aquí también.