Libro curioso donde los haya.
Esta obrita en principio intrascendente, logra hacerse un hueco entre mis buenas lecturas de este verano.
Quizá es porque me recuerda a "Eleanor Oliphant está perfectamente", una novela sobre la alteridad mental que me entusiasmó en su momento.
Quizá es porque cuenta la desazón de la juventud a la hora de entrar en la vida adulta y sus compromisos, y lo cuenta bien.
Quizá porque es una novela dual que establece un difícil equilibrio entre humor y depresión. Les confieso que he soltado más de una risotada con lo que nos cuenta Gilda, la protagonista, pero que también he bajado a los infiernos con ella cuando la nube negra se adueñaba de todo.
Aunque lo que más me ha gustado ha sido que, a pesar de contarnos desde el principio su condición de homosexual, no hace de esto el centro de la trama ni mucho menos. Cero drama con el asunto. Esto es una condición normal como tener pecas o ser rubia, ni más ni menos.
Es refrescante encontrarse con una óptica tan diferente. La autora está considerada una de las máximas referentes de la literatura queer canadiense, pero no hace de ello bandera, lo incluye en su obra, sí, pero lo normaliza de una manera absolutamente deliciosa, ayudada de forma notable por un sentido del humor muy, pero que muy refrescante.
Una novela ligera en principio, pero que va incluyendo capas y capas que no estaban previstas; ¡bien por la autora y su capacidad para sorprenderme!
¿La conocen? ¿La leerían? Les sigo en comentarios.

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