Kawakami nos sumerge en el universo del acoso escolar en Japón.
La vida académica de los dos protagonistas es un infierno diario de humillaciones físicas y psicológicas que sufren en absoluto silencio. Pero la autora, lejos de quedarse en la superficie de la denuncia social, la convierte en un tratado filosófico sobre el dolor, la empatía y la resistencia.
La chica cree que su sufrimiento tiene un propósito superior; él simplemente aguanta, paralizado por el miedo.
Poco más se puede decir de esta novela que pretende ser profunda pero que a mí se me ha quedado en la superficie. He topado como siempre con la mentalidad japonesa, creo que eso es lo que me aleja de esos diálogos supuestamente profundos entre los dos escolares o entre uno de ellos y su acosador. Para mí, esas conversaciones quedan a medias, como fuegos artificiales que no llegan a explotar.
Eso no me impide reconocer que este tipo de obras son necesarias porque reflejan la fragilidad humana y la aterradora necesidad de ser vistos y aceptados.
En todo caso, nos encontramos con una lectura incómoda donde hay escenas de violencia explícita muy difíciles de digerir, y donde no hay adultos al mando ni sistemas de apoyo para encontrar soluciones.
Lo que más me ha gustado es que no ofrece respuestas fáciles ni finales de cuentos de hadas, en eso no hay concesiones, lo que en una novela juvenil es un acto de valentía.
¿La conocen? ¿Les gustó? Les leo en comentarios.
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