Esta es una novela de lo que ha venido a llamarse autoficción, es decir, novelas basadas en mayor o menor medida en la propia vida del autor. El hecho de que se reconozca como «ficción» le otorga al autor cierta licencia literaria para embellecer donde mejor se adapte a las exigencias de la narrativa. Como era de esperar, esto puede llevar a una autocomplacencia/autoindulgencia que no gusta a todos los públicos.
La extravagancia autorreferencial de Amelie es una constante en sus obras. Los amantes de lo literal verán en esta mujer a una narcisista con un monotema: ella misma. Para mí, existe ese egocentrismo, pero además: una personalidad compleja, una peculiar visión del mundo, una vastísima cultura y una voracidad intelectual de la que se habla aquí, por cierto.
Porque el hambre que nos presenta no es solo hambre física, como nos cuenta en su periodo de dos años de anorexia, sino también el deseo de absoluto: hambre de lenguajes, de experiencias, de azúcar, de alcohol y de belleza. Es una exploración de la insaciabilidad en todas sus formas.
Nothomb se vuelca (aún más si cabe) en un autorretrato extremadamente sincero y desnudo, donde su habitual humor e ironía, se entremezclan con el dolor para formar una obra, que nos permite conocer todos los rincones luminosos y oscuros de su infancia.
¿Conocen la obra? Les leo en comentarios.
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