lunes, 25 de abril de 2016

Después de Mauthausen (I)

Hoy es el segundo día después de visitar Mauthausen y siento la necesidad de contarles parte de lo visto y vivido allí.

Ir al campo de exterminio de Mauthausen, en Austria, a 2 horas de viaje desde Viena, ha sido desde siempre mi sueño por cumplir. Ya les he hablado en más de una ocasión de que el hermano de mi padre estuvo allí como prisionero desde el 19/12/1941 hasta el 5/5/1945. Muchas comidas familiares he vivido con él, y de todo ello les he dado cuenta en más de una ocasión. Esta vez he podido pisar el mismo suelo donde sufrió toda clase de padecimientos.
Me propongo mostrarles algo de lo que allí he vivido, porque, ya saben, el blog es la terapia de los que no creemos en las terapias...


Llegué sobre las 11 de la mañana, en un día soleado y rodeada de un paisaje por el que podía haber correteado Heidi perfectamente. El campo está en alto, el paisaje desde allí es espectacular, y la fachada sigue impresionando, aun cuando ya no la presida el águila que los presos se apresuraron a derribar el día de la liberación.

Prisioneros derribando el águila nazi, 5/5/1945

Estado de la puerta en la actualidad. Foto propia, 22/4/2016
La verdad es que no sé por dónde empezar a contarles. Si busco un poco, lo primero que me viene a la mente es esto:
Como ven, nombres, muchos nombres...
81.000 nombres,  para ser exactos.

Los muertos en Mauthausen, homenajeados en el Museo del Memorial del campo, en la Sala de los nombres, antigua lavandería.
El campo es un inmenso museo llamado Memorial, ya que incluye espacios interiores y exteriores. Se puede visitar contratando guías o con audioguías en varios idiomas. Nosotros lo visitamos con un mapa y audioguía en español que te facilitan en la librería.
Hubo dos momentos especialmente emotivos para mí. El primero a la llegada. Dentro de mi garganta algo se ensanchó y me impedía tragar. El otro, cuando firmé en el libro de visitas en honor de mi tío. Tal era mi nerviosismo que escribí rápidamente sin pensar un segundo en lo que estaba poniendo. Como ven me equivoqué en las fechas, no reconozco mi propia letra, y si volviera a hacerlo escribiría más y mejor. Mi hija Emma también vino conmigo, de ahí su firma como sobrina-nieta.
A la memoria de José López Ruiz
Mucha gente me pregunta cómo llegaron a parar a un campo de exterminio nazi los republicanos españoles. Si les apetece, pueden leer el libro que estoy volviendo a revisar ahora, Los años rojos, de Mariano Constante, compañero de mi tío y del que tantas veces le oía hablar.

Salimos casi a las 3 del campo desde las 11 que empezamos la visita, y hubo cosas que no me dio tiempo a ver, espero poder contarles las más importantes, esas que ustedes deben saber antes de morir...

6 comentarios:

Joselu dijo...

La historia de tu tío te ha marcado profundamente y la visita a Mauthausen ha tenido que ser muy emotiva. De ahí el interés vital por todos los temas relativos al nazismo y los campos de exterminio. No he leído el libro de Mariano Constante que mencionas, Los años rojos. Es una tragedia en muchos actos, anteriores y posteriores, pero vivir cuatro años en Mauthausen y sobrevivir sin duda es algo que da sentido o sinsentido a una vida. He oído decir que los que estuvieron en campos de exterminio muchas veces no quieren volver a ello, entre otras cosas porque nadie que haya estado allí lo puede comprender. Y tampoco es cuestión de estar hablando siempre de lo mismo cuando todos quieren olvidar tras la guerra. En tu caso, has recibido esa carga emotiva como sobrina y vuelves allí setenta años después de que fuera liberado tu tío. Y reivindicas su figura en ese texto apresurado y nervioso que dejaste tan cargada de emoción que estabas. Tu hija, Emma, también ha recibido el testigo de aquello.

He leído mucho sobre este tema desde distintos ángulos, pero me doy cuenta de que leer no es vivir. Se comparte pero no has estado allí. Tú intentas acercarte todo lo que puedes y has estado en Mauthausen, como si quisieras comprender mucho más el drama de tu tío. Comprender e identificarte con ello con la presencia física en el lugar del horror. Como si pudieras descargar en alguna manera, con tu acercamiento, el sufrimiento intenso de aquel tiempo.

Pero solo es posible hasta cierto punto. Y eso sin duda te ha dejado una desazón no resuelta.

Un fuerte abrazo, y gracias por compartir esto.

Blogmaníacos dijo...

Joselu, mi tío jamás quiso volver a Mauthausen, por más que muchos de sus compañeros sí lo hicieron, él decía que no lo podía comprender.
A veces pienso que esta desazón, como tú la llamas, podría tener su causa en que mi padre estuvo a punto de seguir el mismo camino. Ya he contado que se encontraron en los campos de refugiados en Francia y que mi tío le "ordenó" como hermano mayor que se volviera a España.
Otras veces pienso que es algo que abarca mucho más, un intento de comprender la esencia del ser humano, esa delgada línea que le distingue de los otros animales...
Quizá me cuestiono con ello la religiosidad de gran parte del planeta. Como dice uno de los presos en un documental de los tantos que se han hecho: "¿Dónde estaba Dios? A lo que él añadía: ¿Y dónde estaban los hombres?

En fin, ya ves que son muchas las preguntas, y sí, intenté acercarme a las respuestas pisando el suelo del campo.

Gracias a ti por tu compañía y tus acertados comentarios.

Un abrazo.

Mª del Carmen Ruiz Jiménez dijo...

Muy buenas Conchita, me alegro de hayas realizado ese viaje en tan buena compañia. Muchos besos.

Blogmaníacos dijo...

Hola, Mª del Carmen. Ha sido un viaje muy deseado y solo uno de los días estuve en Mauthausen reviviendo emociones un tanto dolorosas, el resto de los días viví en Viena y pude disfrutar de una ciudad bellísima, y sí, ¿en qué mejor compañía que con mi hija? Las dos lo disfrutamos mucho.

Gracias por tu comentario y besos de vuelta :))

RobertoC dijo...

Sé muy bien de la necesidad "espiritual" que tenía de ese viaje, y me alegro mucho que haya podido realizarlo. Y ahora solo quedo dispuesto a seguir leyendo sobre sus experiencias. Y claro pensando, tratando de entender lo inentendible como tantas veces, y también preocupándome, porque todavía se hoyen voces, demasiadas para mi gusto, que proclaman repeticiones equivocadas.
Cariños amiga.

Blogmaníacos dijo...

Sí, el revisionismo histórico que proclama que no fue para tanto siempre ha estado ahí, y parece que ahora cobra fuerza, esperemos que impere el rigor histórico y el sentido común.
Las repeticiones de hechos semejantes desgraciadamente entran dentro de lo posible, solo hay que mirar los problemas migratorios en la Europa actual. Por eso es importante difundir y esclarecer el horror de lo que sucedió en Mauthausen y otros campos semejantes. En Francia, el tema es obligatorio en las escuelas, no sé si lo será en Austria y Alemania; la difusión y la conservación de los campos es impecable, eso sí.

Gracias por estar dispuesto a seguir leyendo: es, como le digo siempre, un honor.

Cariñosos saludos.